Playa del Carmen, Q. Roo.- A casi 22 años de aquella madrugada que le cambió la vida para siempre, César Andrade cuenta 42 primaveras y ve a la distancia la mayor lección de su vida. Hoy, está de pie y por dar una conferencia en Playa del Carmen.

Y es que la madrugada del 10 de noviembre de 1999, la vida de César Andrade cambió para siempre. Aquel año, el mediocampista había ganado el premio a novato de la temporada, y disputó la final del Torneo de Verano que el Atlas perdió en penaltis ante el Toluca.

Su historia en el futbol apenas empezaba, tenía 21 años el originario de San José Iturbide, Guanajuato, quien abandonó su pueblo y los estudios para ir a probarse a Guadalajara, donde fue seleccionado y un año más tarde debutó en Primera División con Ricardo Antonio La Volpe.

Era aquel Atlas de Erubey Cabuto, Rafael Márquez, ‘Chato’ Rodríguez, Miguel Zepeda, Daniel Osorno, Gerardo Estrada, Mario Méndez, ‘Misionero’ Castillo, Pablo Lavallén, por mencionar algunos.

Era también el Atlas de César Andrade, un chamaco descarado, habilidoso, con cambio de ritmo y con gran pegada de pierna zurda, que ya sumaba algunos golazos en el Máximo Circuito del balompié azteca.

Aquella velada que se prolongó, César salió a un bar acompañado de Javier Amador, otro canterano rojinegro, y según se supo tiempo después, tomó algunos tragos de más, pues estaba molesto porque en el partido más reciente de los Rojjnegros sólo participó dos minutos.

Al término del festejo, el auto conducido por Andrade se estrelló contra la barra de contención del Periférico en Zapopan, Jalisco, la cual entró por la ventanilla de un costado y salió por el otro, destrozando la pierna derecha del futbolista y causando diversas lesiones a su acompañante.

Seis días después y tras estar en dos hospitales, los doctores le notificaron a la familia del zurdo que debían amputarle una de sus extremidades para no poner en riesgo su vida, ya que estaba en estado de coma.

Uno de los 10 hermanos de César fue el encargado de darle la noticia cuando despertó, y su primera pregunta fue “¿voy a volver a caminar?”. Lo hizo, con una prótesis, pero el futbol terminó para él, al menos su faceta de jugador.

Andrade se refugió en su familia, su madre trató de darle consuelo bajo el argumento de que “Dios sabe por qué hace las cosas”, pero el entonces joven llegó a pensar incluso en el suicidio que afortunadamente no sucedió.

Con el paso del tiempo, César logró encauzar nuevamente su vida: terminó la carrera de administración de empresas, hizo el curso de director técnico, empezó a dar conferencias para generar conciencia sobre la mala combinación alcohol-volante y escribió el libro ‘El partido más difícil de mi vida’.

“En la vida yo creo que también debes ser prudente y hay muchas cosas que no debes dejar que solamente te cuenten. Tienes que vivirlas, como luchar por tus sueños, ser emprendedor, una persona con visión a futuro y con planes”, expresa César Andrade.

“Y bueno pues también está la otra parte de la diversión, que a veces va asociada con el consumo de bebidas o de alguna droga y pues eso si realmente lo viví en carne propia, no vas a ningún lado con eso”, puntualiza.

“No es porque lo hagas o no lo hagas, sino debes buscar el momento y el lugar con quien hacerlo y no perder tu tranquilidad y tu armonía de vivir que yo creo es lo más importante”, concluyó.

César Andrade tuvo momentos brillantes con Atlas.

 

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